Meditación y descanso.

fuente imagen: www.hoypositivo.com

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Desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir, e incluso mientras dormimos, miles de pensamientos transitan por nuestra cabeza manteniéndonos mentalmente activos casi las 24 horas del día. 

Del mismo modo que cada día ponemos orden en casa o en nuestra agenda, sería muy beneficioso para nuestra salud, que hiciéramos lo mismo con nuestra mente. Así lo corroboran los resultados de numerosos estudios como el del centro Johns Hopkins Medicine, según el cual practicar unos 30 minutos de meditación al día puede reducir los síntomas de la ansiedad y la depresión. Así, Madhav Goyal, investigador de la Universidad Johns Hopkins y director del estudio, publicado en la revista JAMA Internal Medicine, afirma que “la meditación parece proporcionar un alivio similar al constatado con antidepresivos en otros estudios”. Además, el estudio publicado en 2013 por la American Heart Association  nos afirma que la Meditación Trascendental puede ser considerada como un tratamiento real para la presión arterial alta, ya que se ha comprobado su efectividad para bajarla.

¿Cuándo se puede descansar? El descanso es posible cuando has detenido todas las actividades. Cuando dejas de moverte, dejas de trabajar, hablar, ver, oír, oler, gustar, pensar, entonces consigues el reposo o el sueño. En el sueño te quedas sólo con las actividades involuntarias como la respiración, el ritmo cardíaco, la digestión de alimentos, la circulación sanguínea, etc.  Sin embargo, esto no es un descanso total. Cuando la mente se asienta, sólo entonces  el descanso total o la meditación sucede.

La meditación es un descanso para la mente, una oportunidad para permitir que nuestra psiquis se pueda relajar y liberar de las tensiones del día a día, el agotamiento y el estrés.

La meditación no se improvisa, y a raíz de esto, existen diversas pautas que deberíamos seguir al iniciarnos.

Hemos extraído del libro Serenidad Mental (Obelisco, 2011) de Miriam Subirana, un breve resumen sobre cómo realizar una meditación básica:

  1. Encontrar un lugar tranquilo y acogedor. Poner una luz tenue y música suave pueden ayudar a conseguir crear el ambiente adecuado.
  2. Sentarse en el suelo con la espalda recta, pero sin tensiones, respirando hondo y manteniendo los hombros y brazos relajados.
  3. Con los ojos abiertos, elegir un punto enfrente y dejar ahí la mirada, mientras poco a poco todas las distracciones van desapareciendo.
  4. Observar los pensamientos sin juzgarlos ni retenerlos, solo observándolos.
  5. A continuación, crear pensamientos e imágenes positivas de uno mismo, visualizarlos y mantenerlos durante unos minutos.
  6. Para terminar, cerrar los ojos unos instantes creando un silencio completo.

 

 

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